PAAMARI Contrarrestar incendios desde el conocimiento indígena

En la Selva Central del Perú, la organización indígena Central Asháninka del Río Ene (CARE) ha generado un equilibrio entre los conocimientos ancestrales y actuales para crear una estrategia de manejo y prevención de incendios forestales.

Por Yoselin Alfaro

Brigadistas asháninkas del programa PAAMARI unen conocimientos indígenas y tecnología para enfrentar un incendio forestal. Imagen: CARE.

Guillermo Comperito decidió formarse como brigadista contra incendios forestales después de que, tal como él lo narra, en 2017 y 2019 dos incendios de magnitud media arrasaran con cerca de 15 hectáreas de bosque en los territorios de la comunidad de Quimaropitari, una de las 45 que integran la Central Asháninka del Río Ene (CARE). Esta es una organización indígena de la Selva Central del Perú que, al igual que numerosas comunidades amazónicas, enfrenta los efectos del cambio climático.

“Antes, cuando ocurría un incendio, no sabíamos qué hacer, cómo combatir, solo dejábamos que avanzara, pero ahora ya sabemos qué hacer con el fuego. Hemos aprendido en la escuela de CARE”, cuenta Comperito, quien forma parte del comité de autodefensa indígena de CARE.

El fuego es empleado por el pueblo asháninka principalmente para cocinar sus alimentos, iluminar sus viviendas y limpiar el suelo; es decir, para abrir paso a sus cultivos en un terreno complejo como lo es la selva. El líder Ángel Pedro Valerio detalla que esta es una práctica tradicional que aún perdura, pero que ahora es necesario controlar para evitar incendios forestales.

En Fronteras del Fuego, un informe elaborado por la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), se explica este vínculo, por el que se entiende el fuego como una fuerza viva inherente a la vida cotidiana, la espiritualidad y el manejo de la tierra.

Práctica de quema controlada para que brigadistas asháninkas de PAAMARI apliquen lo aprendido. Imagen: CARE.

Así, el fuego es utilizado de diversas maneras, una de ellas, antes mencionada, para abrir campos de cultivo a través de la roza y quema de pastizales, desde conocimientos ancestrales basados en el comportamiento del clima y el tiempo. Sin embargo, este comportamiento ha variado por la crisis climática, que ha traído como consecuencia la intensificación de los vientos, la modificación de la temporada de lluvias o el incremento del calor. En estas condiciones, el manejo del fuego puede salirse de control.

Según la investigadora Dolors Armenteras, el bosque amazónico —históricamente húmedo y poco adaptado a los incendios— enfrenta un escenario crítico debido al aumento de los fuegos, impulsados tanto por el cambio climático como por la intensificación de actividades humanas, no solo vinculadas a la agricultura, sino también a delitos ambientales asociados con la deforestación y el acaparamiento ilegal de tierras.

Para Armenteras, la mayoría de incendios no responde a causas naturales, sino a causas vinculadas con agentes externos, que, con el actual incremento de temperaturas, las sequías prolongadas y la modificación de los patrones de lluvia, reducen la humedad del suelo y la vegetación, volviendo al bosque más vulnerable al fuego.

En el Perú, el 98 % de la ocurrencia de incendios forestales está atribuido a factores humanos, de acuerdo con cálculos del Ministerio del Ambiente (Minam). Un artículo publicado por Actualidad Ambiental precisa que entre las cinco principales causas citadas por Minam están la quema de restos de cultivo, la quema de pastizales, el fuego intencional, las prácticas ancestrales del llamado de lluvias y el turismo.

Si bien en el Perú, en el artículo 310 del Código Penal, se sanciona con pena privativa de libertad no menor a cuatro años ni mayor a seis a quienes quemen, dañen o talen bosques u otras formaciones boscosas, líderes como Ángel Pedro Valerio, presidente de la CARE, cuestionan que la visión sea punitivista y que no existan alternativas ni capacitaciones para el manejo del fuego.

“En su momento, nosotros siempre hemos mencionado que esta ley es muy sancionadora, sin embargo, no te dan herramientas para prevenir, controlar los incendios forestales, porque no todo es malo, el fuego no es malo. Si se sabe utilizar, el fuego te puede ayudar a solucionar múltiples problemas, eso es lo que está haciendo la Central Asháninka del Río”, explica Valerio.

Vicepresidente de CARE, Saúl Vega, participando de los espacios formativos de PAAMARI. Imagen: CARE.

Como respuesta a esta vacío dentro de las políticas públicas, surgió PAAMARI, fuego en lengua asháninka, una estrategia de manejo integral del fuego, que integra los conocimientos ancestrales de su uso y la tecnología, para prevenir, controlar y mitigar los incendios forestales. Así mismo, lidera procesos de incidencia para establecer una política pública de manejo integral del fuego.

El proyecto PAAMARI se desarrolla en las comunidades asháninkas de la cuenca del río Ene en la provincia de Satipo, ubicada a 632 m s. n. m. en la región Junín. Esta provincia presenta características de selva baja y selva alta. Su territorio alberga una diversidad de peces, como carachamas, palometas, bagres y otros. Además, tiene entre su biodiversidad osos de anteojos, ronsocos, paujiles, sajinos, añujes y otras especies.

El ingeniero David Torres, parte del equipo técnico de CARE, considera que la iniciativa PAAMARI es innovadora en el país porque es una solución que surgió de las propias comunidades, respeta la organización comunal y la incluye en todo el desarrollo del proyecto y, además, combina el conocimiento ancestral con la tecnología.

La Amazonía, un foco de incendios

El informe de OTCA precisa que, entre 2015 y 2024, los países que conforman la región amazónica quemaron aproximadamente 267 millones de hectáreas. En su cálculo, alrededor de 83 millones, casi un tercio, se encontraban dentro del propio bioma amazónico. Brasil concentró un 54 % del total (45 millones de hectáreas), seguido por Bolivia (36 %), Venezuela (5 %), Colombia (3 %), Guyana (1,3 %) y Perú (0,8 %).

Según el mismo informe, en 2024, el total de hectáreas quemadas en la región amazónica del Perú ascendió a 239.338, de las cuales el 13 % estaban dentro de territorio indígena, el 2 % dentro de áreas naturales protegidas y el 85 % en territorios no protegidos. Un reporte de MAP Biomas precisa que las regiones más afectadas por estos incendios forestales entre 2013 y 2024 fueron Ucayali, Puno, Huánuco, Cusco, Madre de Dios y Junín.

El territorio de la Central Asháninka del Río Ene (CARE) perdió 3.140 hectáreas de bosques entre 2023 y 2024 por incendios forestales en las comunidades nativas de Potsoteni, en Mazamari; Saniveni, en Pangoa, y Chiquireni y Samaniato, en Río Tambo, de acuerdo con las precisiones que ofrece David Torres, parte del equipo técnico de CARE. La cifra cambió drásticamente en 2025, cuando se aplicó la estrategia PAAMARI, que redujo la incidencia de incendios a cero y, en consecuencia, las hectáreas de bosque afectadas.

“El fuego no es enemigo, sino es algo práctico, el fuego es vida, es hogar, es la sanación […]. Hay que diferenciar que el incendio es el descontrol […]. Entonces para nosotros, el aprendizaje de CARE [es que] mezclar el conocimiento ancestral con la tecnología puede disminuir los incendios en la Amazonía”, explicó Saúl Vega, vicepresidente de CARE, durante la presentación de PAAMARI en la COP30. 

Ángel Pedro Valerio, presidente de CARE, durante la presentación de PAAMARI y SAT-CARE en la COP30 en Brasil. Imagen: CARE.

PAAMARI, considerada una iniciativa exitosa de manejo integral del fuego que llegó a la COP30 en Belém (Brasil), surgió en 2022. Tal como lo cuenta Ángel Pedro Valerio, fue presentada inicialmente a las autoridades municipales y provinciales sin éxito para su implementación, hasta que la ONG Cool Earth apostó por ella y permitió ponerla en marcha. Su ejecución no respondió a un proceso de selección, sino a un trabajo sostenido de la propia organización para construir las alianzas necesarias que la hicieran posible.

En mayo del mismo año, se inició con el monitoreo satelital de puntos en el territorio donde se detectaba calor que podría indicar incendios o el incremento de la temperatura, esta información se incluyó en el Sistema de Alerta Temprana (SAT-CARE), un centro de monitoreo donde se pueden lanzar las alertas provenientes de las comunidades para que sean conocidas por la CARE de manera oportuna y esta, a su vez, pueda tomar acciones de manera efectiva.

En septiembre de 2024, los valerosos asháninkas que conforman los comités de autodefensa de CARE accionaron su aprendizaje al controlar un primer gran incendio junto al Ejército Nacional y el Instituto de Defensa Civil. Fue uno de los momentos más importantes que recuerda Guillermo Comperito, uno de los brigadistas de PAAMARI.

Cómo funciona PAAMARI en la cuenca del Ene

En 2024, como parte de esta estrategia, CARE inició con escuelas de formación para el manejo integral del fuego, dirigidas a los comités de autodefensa (organizaciones que apoyan en el control, orden y seguridad dentro de las comunidades), a los que se les denominó Comités de Vigilancia Forestal Comunitaria y se les dotó de equipos de protección personal para realizar trabajos de prevención y control de fuego.

Para 2025, otro grupo de brigadistas, un total de 55, recibieron capacitación a través de sesiones presenciales en siete módulos formativos dictados por personal capacitado del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), el Servicio Nacional de Áreas Protegidas del Estado (Sernanp) y la Intendencia Nacional de Bomberos del Perú.

Según precisiones del ingeniero Torres, especialista en monitoreo de incendios forestales de CARE, los módulos estuvieron vinculados a normativas y estándares internacionales para brigadistas, como el Entrenamiento para Combatientes de Incendios S-130 y la Introducción al Comportamiento del Fuego S-190.

Los aprendizajes estuvieron relacionados con el conocimiento del fuego, la cultura del fuego y ecología, que se sumaron a sus conocimientos ancestrales. Esta formación concientizó a los asháninkas para evaluar las condiciones ambientales más adecuadas antes de realizar quemas y que el fuego no se salga de control. 

Torres explica que antes de realizar quemas es fundamental verificar que la velocidad del viento y la temperatura no sean elevadas y puedan establecer condiciones propicias para alentar el fuego.

Entonces, para evitar que se realicen quemas en días con mayor riesgo, los brigadistas reciben información sobre el cronograma para esta actividad (que permite establecer qué días se puede hacer quemas y qué días no), elaborado a partir de pronósticos meteorológicos. Así, las comunidades pueden evitar hacer fuego durante periodos de calor extremo, es decir, cuando el riesgo de incendios es más alto.

A este cronograma se suma la alerta de peligro meteorológico por incendios, que informa diariamente, a través de mensajes de WhatsApp a los brigadistas, cuán difícil sería controlar o extinguir un incendio ese día, de tal manera que, siendo conscientes de estas condiciones, eviten realizar quemas y correr el riesgo de que se descontrolen.

Brigadistas utilizan como medio de comunicación banderas de colores para informar sobre el riesgo de incendio. Imagen: CARE.

Para difundir esta información a la comunidad, los brigadistas recurren a una estrategia muy didáctica: el izado de banderas en la parte más visible de la comunidad. El color anaranjado significa alto riesgo, el amarillo mediano riesgo y el verde riesgo nulo o muy bajo.

En diciembre de 2025, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) instaló la primera estación meteorológica en la cuenca del río Ene, ubicada en la comunidad nativa Potsoteni. Para David Torres, especialista de CARE, esto permitirá determinar con mayor precisión focos de calor o temporadas de lluvia, lo que ayudará a establecer un mejor cronograma de quemas y peligro meteorológico.

“La estación meteorológica mide humedad, precipitación, temperatura, parámetros del suelo. No solo tendremos información relacionada a incendios forestales […], lo que buscamos nosotros es que haya más registros que permitan que la información sea más precisa”, explicó Torres, quien también agregó que cuantas más estaciones existan, la información proporcionada a la población será más precisa.

Por ejemplo, al estar la estación dentro del territorio de la Central Asháninka del Río Ene, se podrá conocer con mayor precisión qué días hará más calor y, por lo tanto, cuándo será más riesgoso realizar quemas. Esta información permitirá alertar a los comuneros y evitar que enciendan fuego en jornadas en las que las llamas podrían propagarse con mayor facilidad, ya sea porque el suelo está más seco o el viento es más intenso. En definitiva, fortalecerá su capacidad de prevención frente a los incendios forestales.

Estación meteorológica instalada en la comunidad de Potsoteni en la cuenca del río Ene en diciembre de 2025 mediante el convenio entre CARE y Senamhi Perú. Imagen: CARE.

A esta alianza entre Senamhi y CARE se suma un acercamiento con la Intendencia Nacional de Bomberos, que ha permitido que los 55 brigadistas formados en PAAMARI accedan a una certificación emitida por esta institución desde 2025. Esto implica que la capacitación que recibieron cumple estándares técnicos y legales de seguridad, lo que garantiza que el personal está preparado para prevenir y atender emergencias. 

Torres detalló también que, hasta 2025, PAAMARI trabajó en la prevención, formación, monitoreo e incidencia, y que para este año se tiene planeado expandir el programa a la búsqueda de restauración, es decir, recuperar las hectáreas dañadas por el fuego. La cifra asciende a 3.200 hectáreas, de acuerdo con los propios cálculos del ingeniero, ubicadas en las partes bajas de la cuenca del Ene.

El especialista explicó que, para restaurar estas zonas, trabajan de manera conjunta con las comunidades, de modo que sean ellas quienes decidan qué especies desean recuperar en las áreas afectadas. Señaló que, en función de esas decisiones, se realizarán plantaciones de árboles nativos y especies de utilidad para la comunidad; asimismo, en algunos casos, se permitirá la regeneración natural del bosque, con el fin de reducir las presiones externas sobre él.

“Además, se tiene prevista la formación de al menos diez instructores que sean brigadistas. Es decir, a diez personas que sean instructores y puedan replicar lo que van aprendiendo en sus comunidades u otras comunidades, pero con el nivel de instructor”, anunció el ingeniero, que también destacó la importancia de completar el equipo de combate y protección para incendios.

El éxito de PAAMARI no solo se visibiliza en la formación de bomberos asháninkas, sino también en la disminución de incendios. Por ejemplo, en 2023 —antes de PAAMARI— se registraron 25 incendios, en 2024 se redujeron a 9 y en 2025, ya con la estrategia en marcha, no se registró ninguno; todos fueron controlados en su etapa inicial.

Guillermo Comperito compartió con la agencia de noticias Servindi que su aprendizaje y el de sus hermanos asháninkas lo llenó de felicidad y satisfacción, pues le permitió aplicar los conocimientos ancestrales heredados por sus padres o abuelos, sin poner en riesgo la naturaleza. Para él este aprendizaje es más necesario en los meses donde el calor se incrementa y llega la temporada seca, que puede extenderse de junio a agosto.

Establecer una política de manejo integral del fuego

Actualmente, el proyecto PAAMARI funciona como una estrategia que se sostiene gracias a la cooperación internacional, es decir, no recibe presupuesto público para su funcionamiento. El trabajo que desarrolla es en alianza con la ONG Cool Earth, que trabaja con comunidades indígenas y poblaciones locales para hacerle frente a la crisis climática.

Aunque Ángel Pedro Valerio, presidente de CARE, intentó que la estrategia contara con el respaldo del Estado a través de los gobiernos locales como la Municipalidad de Río Tambo, Pangoa o Mazamari, así como entidades nacionales como el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre, no consiguió el respaldo presupuestario ni la disposición para convertir la estrategia en una política pública, por lo que tuvo que acudir a una organización externa. 

A inicios de febrero de 2026, Ángel Pedro Valerio, junto al equipo técnico de CARE, presenta la estrategia PAAMARI a la entonces viceministra de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente, Romina Caminada. Imagen: CARE.

El Perú cuenta actualmente con el Plan Multisectorial ante Incendios Forestales 2025-2027, dividido en tres pilares relacionados con la vigilancia y el estudio de riesgos de incendios forestales, la reducción de riesgos frente a la ocurrencia de incendios forestales y la capacidad para atender los incendios. El presupuesto para 23 de las actividades a realizar durante 2025 fue de 7.464.000 soles (cerca de 2.200.000 dólares).

CARE analizó este Plan Multisectorial y observó que el presupuesto es insuficiente para abordar los incendios forestales. Además, cuestionó que la problemática del fuego no haya sido abordada de manera integral y que el Ministerio de Cultura, aunque forme parte de este grupo de trabajo, limite su labor a traducir material de difusión y no a garantizar la incorporación del enfoque y los conocimientos ancestrales sobre el manejo del fuego; de igual forma, señaló que la legislación vigente en torno a las quemas resulta inaplicable.

En este contexto, Ángel Pedro Valerio y el equipo técnico de CARE buscan que PAAMARI —que cuenta con datos de monitoreo de incendios, procesos de aprendizaje y cifras de reducción— se convierta en una política pública de manejo integral del fuego. Para ello, se encuentran en un proceso de incidencia ante legisladores peruanos con el fin de lograr la promulgación de la norma correspondiente.

Valerio adelantó que este año se plantean reuniones estratégicas con el Ministerio del Ambiente y procesos de incidencia en el Congreso para impulsar una ley sobre el manejo integral del fuego. Para el líder asháninka, la estrategia podría ser implementada por el Estado como parte de sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), en el marco de sus compromisos a 2030.

Yoselin Alfaro

Periodista en Perú con experiencia en la cobertura de historias sobre medio ambiente, ciencia y derechos humanos. Cuenta con especialización en interculturalidad y pueblos indígenas amazónicos.